La vampira, chupasangre. Un caso

21 de abril de 2014 a las 13:54
Cuando alguien te hace una crítica dura, hay dos caminos: el primero es el de la negación y la degradación del otro con todo tipo de adjetivos y justificaciones. … que se cree… como me dice eso…. Es un bruto… es un insensible... etc. El segundo camino es el de revisar con absoluta verdad interna y sin ningún prejuicio, si en algún momento de la vida, uno ha sido o se ha comportado de la manera como el otro nos ve en ese momento.

En el primer caso el camino es el descenso seguro, ya que quien degrada se degrada. Por este camino se llega solo al resentimiento y a la distancia con esa persona, pues cada vez que la veamos recordaremos el incidente, tomando el sendero que nos aleja de ella, y el conflicto interno y externo quedará sin comprender.

En el segundo caso uno puede revisar cuidadosamente sus conductas con verdad interna pero sin inventar nada. Y también se pueden revisar (si uno conoce un poco al otro) las diferentes interpretaciones que se pueden hacer de una misma conducta. Y esto estará en relación con el paisaje interno del otro que tal vez no tenga nada que ver con el nuestro, o si.

Un caso

Hace poco en una conversación amable con un hombre,  me decía que a veces es mejor relacionarse con amigos/as que con la pareja, en donde siempre hay que ser muy cuidadoso con lo que se dice.  Yo le confesé que ese tema había sido difícil para mí   (la pareja) pero que finalmente estaba plena y completa en una relación amoroso/sexual muy afectuosa y coherente desde hace 7 años. Como buena emotiva que soy, me explaye en algunos detalles, hice autocritica respecto de mi osadía, rebeldía y autonomía como mujer y agregué que no me gustaba que me controlaran, pues si alguien  intentaba manipularme en una dirección, yo  tomaba exactamente la dirección opuesta. Hasta ahí todo bien en el intercambio, pero de repente el otro se despacho con una extraño adjetivo calificativo, referido a mi persona o a mi relato, que no entendí, y al expresarle que no comprendía lo que decia,  me contesto algo así como  - eres una chupa sangre, como los vampiros… realizando el gesto de clavarse dos dedos en el cuello.

Confieso que en un primer momento me sorprendí y por el impacto recibido, la conversación termino allí con las típicas justificaciones… Bueno voy a ver como está el tiempo afuera, nos vemos. Y me fui pensando – que habrá querido insinuar…

Decir que no me molesto seria mentir descaradamente, pero el enojo duro poco y empecé a darle vueltas al asunto. En realidad, no me conoce tanto como para saber de mí hasta ese punto, pero algo de mi conducta impacto en él mismo, para hacerle  decir eso. ¿Cuál era su punto de vista?  ¿Desde donde había salido esa frase desafortunada y provocadora?

Chupasangre o vampiros son adjetivos que se pueden aplicar a las personas que chupan dinero a otros, que son vagos y viven de los demás sin trabajar; o también se puede referir a los que chupan energía a los demás. Esas personas llenas de problemas que necesitan que estén pendientes de ellas y que nunca les satisface nada. También podría aplicarse a mujeres insaciables sexualmente, que generalmente son frígidas y por ello están siempre ansiosas de ser poseídas una y otra vez sin descanso, dejando al amante exhausto, ojeroso y sin fuerzas.

No podía ubicarme en ninguna de las tres categorías que había encontrado y mucho menos en la de mujer conflictiva que hace depender a los demás de si con sus caprichos. Siempre fui muy alegre y sonriente con problemas normales y casi siempre  posicionada mas en ayudar a los demás que en recibir ayuda.  Respecto al dinero, desde la juventud fui muy independiente, aunque es cierto que cuando muy joven, me hacían sentir que era  dependiente económicamente de mis padres, cosa que por otra parte era muy normal.  Sexualmente tampoco porque por  ignorancia e inexperiencia siempre creí que las mujeres éramos las que teníamos que dar y dar.  Y así me iba! se me pegaban los hombres por ser una buena amante, pero difícilmente lograba mi cometido. Gozar!  Por suerte en la madurez (después de los 35) aprendí!

Después de este análisis honesto y desprejuiciado, en el que no pude encontrar a la chupasangre en mi vida, trate de ubicarme en la cabeza de quien me había dicho semejante cosa y entonces las cosas empezaron a cuadrar.

La descripción del agresor verbal, podría corresponder a un personaje corto, silencioso, emotivamente bloqueado, con un perfil introvertido,  severo, mental y reflexivo en exceso, con serias dificultades de expresión en el mundo. Tal vez muchas de estas características ya las ha superado, pero sin duda, conserva  restos arcaicos de su ser anterior, sobre todo cuando se encuentra frente a fuertes  emociones.

Por supuesto que todas estas son hipótesis sin ninguna certeza, pero que de alguna manera me ayudan a completar aquello que en su momento no supe preguntar más incisivamente, para recibir una respuesta satisfactoria. - Oye, que quieres decir con chupasangre! Explícate!

En general uno habla de sí mismo cuando se refiere a otros, porque siempre, siempre se interpreta desde el propio paisaje.

Tal vez  indirectamente él hablaba  de sí mismo, y se ubicaba  como posible  “víctima” de la hipotética vampira. Entonces imaginé que este sujeto podría sentir una cierta atracción por mí, una sugestión encantadora e inconfesable, ya que mis características  emocionales intensas y húmedas me convertían en la compensación perfecta del sujeto en cuestión. Entonces  al observarme y al escucharme  hablar, tan apasionada y expansiva, desde su temor y su límite interno, imaginó que  de conseguirme, podría resultar vampirizado de su energía vital, en el intento de satisfacerme como mujer. Es una hipótesis claro, pero ahora que lo pienso bien y repaso algunas escenas puedo recordar insólitas y reiteradas  provocaciones disfrazadas de bromas inocentes, y un  particular brillo en su mirada al referirse a mí.

Como dice un querido amigo, su comentario no le pone ni le saca nada a mi vida,  más bien tengo que agradecerle porque me permitió reflexionar sobre mí y también sobre él, comprendiendo  una vez más que la conciencia infiere más de lo que percibe y por ello hay que ser cuidadoso con lo que se dice, porque sin querer, se podrían revelar las propias intenciones. Argentina, Abril 2014.

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